Al ser un papá, he notado una correlación absoluta y directa entre ser padre y ser empresario. Te cambia para mejor, pero eso no quiere decir que no venga con su propio conjunto de desafíos en el camino.

Cuando estás empezando, estás emocionado pero asustado al mismo tiempo. Se pierden muchas horas de sueño y a veces no sabes qué hacer a continuación. A veces sólo necesitas un descanso, y otras veces no se puede imaginar pasar tiempo lejos de él. Se altera su vida, pero mejora al mismo tiempo.

Al cabo del tiempo de alguna manera, se empieza a ver los resultados de su trabajo duro, a través de esas primeras etapas. A medida que crece, los problemas surgen al mismo tiempo. Las cosas no siempre salen según lo planeado, uno se estresa, y se puede pasar de tener energía cero a estar lleno de energía y de orgullo, todo dentro de un período de tiempo de 24 horas.

Pero si hay una cosa que he aprendido acerca de los negocios y la paternidad, es la siguiente:

Se necesita paciencia masiva.

Claro, se necesita buen velocidad también, pero no me gusta mucho ese término porque son demasiados los empresarios creen que “ajetreo” es sólo tratar de trabajar duro y en realidad se trata de lo que haces y el tiempo que empleas en ello.

Hay una creencia común de que hay que sacrificar todo por el sueño perseguido y descuidar a los seres queridos con el fin de tener éxito, y no creo que eso sea una buena idea.
Creo que hay que centrarse en la elección de las prioridades con sabiduría, siendo conscientes de dónde gastar su tiempo.


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